Blog
El Distinto
Por Carlitos Contreras
Archivos Abril 2009
En defensa de Trobbiani
30.04.09
Como es sabido, Marcelo Trobbiani no tiene la culpa de
haber insultado, en Chiclayo, al comisario del partido. Es decir, ni siquiera lo
insultó. Dicho comisario, más bien, tendría que pedirle disculpas. A Trobbiani y
a toda la comunidad del fútbol. Su nombre es Luis Tumay, por si usted no lo
sabía, y lo que hizo Trobbiani fue llamarlo, respetuosamente, por su apellido.
Nada más que eso.
-Tumay -le dijo, como quien le pasa la voz a un conocido.
Y le pusieron de sanción tres meses.
Tumay puede ser un apellido común en este país, pero en una cancha de fútbol se presta para interpretaciones. Trobbiani, entonces, poco conocedor de nuestra realidad cultural, tuvo a mal dirigirse a Tumay llamándolo, justamente, Tumay. Luis Tumay, a quien seguro fastidiaron mucho en el colegio, se vengó de toda una vida de apanados sancionando al argentino.
En realidad, no fue Tumay quien lo sancionó sino el árbitro. Por si usted tampoco lo sabía, el árbitro de ese accidentado partido fue Héctor Pacheco. Y aquí las cosas empiezan a enredarse porque Trobbiani, presa del pánico, dejó a Tumay a un lado, reincidiendo sin querer en la joda -"Tumay", volvió a decirle- y, tomando de un brazo al juez, le increpó: "Señor Pacheco". Ese fue su fin.
Pacheco siempre fue un poco pacheco, para qué. Tal vez entendió que Trobbiani, no contento con vilipendiar al comisario, el señor Tumay, ahora quería insultarlo a él. La falta de comunicación en una cancha es algo de lo que habría que ahondar en un futuro. Lo cierto es que Pacheco miró a Tumay y, sin decirle Tumay, le hizo una señal con la cabeza para que sacara a Trobbiani del campo. Trobbiani, fuera de sí, lanzó apellidos por doquier.
-Tumay -le dijo, como quien le pasa la voz a un conocido.
Y le pusieron de sanción tres meses.
Tumay puede ser un apellido común en este país, pero en una cancha de fútbol se presta para interpretaciones. Trobbiani, entonces, poco conocedor de nuestra realidad cultural, tuvo a mal dirigirse a Tumay llamándolo, justamente, Tumay. Luis Tumay, a quien seguro fastidiaron mucho en el colegio, se vengó de toda una vida de apanados sancionando al argentino.
En realidad, no fue Tumay quien lo sancionó sino el árbitro. Por si usted tampoco lo sabía, el árbitro de ese accidentado partido fue Héctor Pacheco. Y aquí las cosas empiezan a enredarse porque Trobbiani, presa del pánico, dejó a Tumay a un lado, reincidiendo sin querer en la joda -"Tumay", volvió a decirle- y, tomando de un brazo al juez, le increpó: "Señor Pacheco". Ese fue su fin.
Pacheco siempre fue un poco pacheco, para qué. Tal vez entendió que Trobbiani, no contento con vilipendiar al comisario, el señor Tumay, ahora quería insultarlo a él. La falta de comunicación en una cancha es algo de lo que habría que ahondar en un futuro. Lo cierto es que Pacheco miró a Tumay y, sin decirle Tumay, le hizo una señal con la cabeza para que sacara a Trobbiani del campo. Trobbiani, fuera de sí, lanzó apellidos por doquier.
2 Comentarios