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El Distinto
Por Carlitos Contreras
Que juegue la boquilla
21.11.09
No es por dar la contra, pero desde tiempos inmemoriales, antes incluso de que el 'Chorri' jugara en una sub15, la boquilla previa a un partido de fútbol ha sido efectiva para amilanar al rival. O como diría el 'Cuto', el gol arranca dos días antes, con una buena mentada de madre. Estudios ingleses han comprobado que ante la afrenta pública, al enemigo de corto se le suele encoger el dídimo. Se amilana. O sea, se achica. Se hace la pila y juega horrible.
Dependiendo del calibre del insulto -no es lo mismo decir "les cerraremos el hocico" a "cállate, borracho"-, podríamos estar hablando de una goleada de proporciones épicas. El toma y daca de los días anteriores a un encuentro es algo que ya debería de estar reglamentado por la FIFA. Digo yo, que sé de esto: si se premia a Messi por su espíritu creativo, porqué no hacerlo con aquel que lanza, dios mediante, el vituperio más eficaz.
Como el espíritu de esta célebre columna es contribuir para mejorar nuestro balompié, dejo aquí constancia de dos ideas prácticas para hacer más lindo y competitivo este deporte.
1. Medio gol al más cruel. Si usted está cansado de los empates a cero, olvídese: serán cosa del pasado. Con mi propuesta, el insulto más duro de la previa le adjudicaría al equipo del emisor medio gol. Y ya sabemos que con medio gol se puede ganar un partido. El destinatario -puede ser Solís- tendrá que tragarse la furia y aceptar con hidalguía que su propuesta -la de cerrar el hocico- no era tan poderosa como la del rival. En el ejemplo que exponemos, el Aurich guardaba una carta bajo la manga y la supo usar. A Solís le mentaron el pasado y él no fue capaz de contraatacar, por ejemplo, con el prontuario de 'Machito'. Medio gol en contra por quedado.
2. Vale usar a la prensa. Esto tiene que quedar clarísimo para no generar suspicacias. La prensa tiene la potestad de dilatar el agravio. Al final, para lograr ese ansiado medio gol, vale lo que se publica. Pongamos el ejemplo en cuestión. Lo que en realidad dijo Solís fue: "Me gustaría que los señores del Aurich no se expresaran de esa manera". La prensa lo interpretó a su modo: "Les cerraremos el hocico". En Chiclayo se la devolvieron así: "Que Solís no hable porque le gustaba la limonada". Algunos diarios -no este-, cambiaron la palabra 'limonada' por 'cebada', y se armó la grande.
Que quede claro para lo que resta del campeonato. Chau, y hasta otra contra.
Dependiendo del calibre del insulto -no es lo mismo decir "les cerraremos el hocico" a "cállate, borracho"-, podríamos estar hablando de una goleada de proporciones épicas. El toma y daca de los días anteriores a un encuentro es algo que ya debería de estar reglamentado por la FIFA. Digo yo, que sé de esto: si se premia a Messi por su espíritu creativo, porqué no hacerlo con aquel que lanza, dios mediante, el vituperio más eficaz.
Como el espíritu de esta célebre columna es contribuir para mejorar nuestro balompié, dejo aquí constancia de dos ideas prácticas para hacer más lindo y competitivo este deporte.
1. Medio gol al más cruel. Si usted está cansado de los empates a cero, olvídese: serán cosa del pasado. Con mi propuesta, el insulto más duro de la previa le adjudicaría al equipo del emisor medio gol. Y ya sabemos que con medio gol se puede ganar un partido. El destinatario -puede ser Solís- tendrá que tragarse la furia y aceptar con hidalguía que su propuesta -la de cerrar el hocico- no era tan poderosa como la del rival. En el ejemplo que exponemos, el Aurich guardaba una carta bajo la manga y la supo usar. A Solís le mentaron el pasado y él no fue capaz de contraatacar, por ejemplo, con el prontuario de 'Machito'. Medio gol en contra por quedado.
2. Vale usar a la prensa. Esto tiene que quedar clarísimo para no generar suspicacias. La prensa tiene la potestad de dilatar el agravio. Al final, para lograr ese ansiado medio gol, vale lo que se publica. Pongamos el ejemplo en cuestión. Lo que en realidad dijo Solís fue: "Me gustaría que los señores del Aurich no se expresaran de esa manera". La prensa lo interpretó a su modo: "Les cerraremos el hocico". En Chiclayo se la devolvieron así: "Que Solís no hable porque le gustaba la limonada". Algunos diarios -no este-, cambiaron la palabra 'limonada' por 'cebada', y se armó la grande.
Que quede claro para lo que resta del campeonato. Chau, y hasta otra contra.